Acapulco en cuerpo y alma II
Porfirio | 28 - 04 - 2008
El alma de Acapulco además de descansar en sus habitantes y hospitalidad, se encuentra en su rica y bella naturaleza cuya expresión más conocida es la línea de playas que constituyen la bahía de Acapulco. Desde Playa Caletilla y hasta Punta Diamante y Barra Vieja, la espectacularidad del Acapulco costero y la belleza de su mar son incomparables y le han valido el honroso título de uno de los mejores y más bellos destinos de playa en el mundo.
El auge turístico de Acapulco como se le conoce actualmente, tuvo sus inicios por allá de 1910 y desde entonces no ha cejado su expansión en infraestructura turística, de instalación de todo lo necesario para atender a los turistas nacionales y extranjeros. Acapulco de alguna manera, vive las 24 horas de cada día y en cada una de éstas ofrece a sus visitantes innumerables atracciones y formas de pasar buenos momentos.
La columna vertebral de la atención turística descansa en la denominada línea hotelera de la Costera y, los actuales y modernísimos desarrollos urbanos ubicados en Punta Diamante. Con aportaciones económico-financieras de muy diversa índole y origen, Acapulco ha ido construyendo su infraestructura hasta tener la fachada que hoy se le conoce con un espectacular skyline el cual luce imponente de día o de noche.
La parte central de la línea hotelera sobre la sobre la zona conocida como Acapulco Dorado se ubica entre el Farallón y Playa Icacos; enseguida alrededor de Playa Guitarrón está las zonas de Las Brisas y Pichilingue para rematar en el inicio de Punta Diamante, Playa Revolcadero y las instalaciones del Princess y el Mayan Palace. De ahí en adelante los desarrollos existentes fundamentalmente son habitacionales de gran lujo.
Acapulco de día ofrece sus playas, diversión de todo tipo en el mar, atractivos en cada uno de sus hoteles, la visita al Zócalo, el Malecón y su zona antigua tradicional así como una serie de vistas capaces de cautivar al más avezado turista.

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